Hidromiel

Hidromiel (II)

Su proceso de fabricación es extremadamente sencillo, pudiendo efectuarse de forma casera sin ningún problema y sin casi posibilidades de malograr el producto. Antes de nada, es necesario desinfectar bien (con lejía, por ejemplo) todos los recipientes e instrumentos a utilizar, ya que de otro modo los microorganismos presentes de forma natural y que normalmente son inocuos pueden afectar al proceso de fermentación y modificar el sabor y la graduación. Asegurado esto, debe llevarse a la ebullición una solución de entre un 20 y un 30% (según se prefiera más o menos dulce) de miel en agua, dejarla enfriar hasta temperatura ambiente, retirar los restos de cera e impurezas que queden flotando en la superficie, añadir entre 1 y 2 gramos (según se prefiera menor o mayor graduación alcohólica) de levadura natural (no química, previamente disuelta en un poco de agua) por cada litro de mezcla, e introducirla en recipientes de cuello estrecho (botellas) a los que se adaptará una válvula que permita salir el exceso de anhídrido carbónico subproducto de la fermentación (cuya presión creciente de otro modo terminaría provocando la interrupción de la reacción y hasta el estallido del recipiente) al tiempo que, una vez terminada ésta, evite entrar el aire (que oxidaría y malograría la mezcla). Para esto, aunque en el mercado hay válvulas fabricadas expresamente para la producción de bebidas alcohólicas, una alternativa sencilla, barata y perfectamente eficaz es ceñir al cuello del recipiente un globo de goma (o, si se prefiere usar materiales históricos, tripa cerrada con un cordel) al que se le haya practicado un pequeño orificio con una aguja.

Hidromiel

El resultado del proceso


Cuando la válvula muestre que la mezcla ha dejado de producir gas (o el globo o la tripa hayan quedado aplastados por la infrapresión interna), normalmente al cabo de entre 2 y 4 semanas, el proceso de fermentación habrá terminado y será el momento de pasarla a recipientes de conservación. Éstos deben poder cerrarse herméticamente (para evitar la pérdida del gas propio del hidromiel) al tiempo que puedan soportar presión interna (por si aún después del período de fermentación siguiera produciéndose algo de CO²). Para ello las botellas comunes de plástico de bebidas gaseosas son perfectamente válidas, pero si se desea mantener la historicidad, los más adecuados son los recipientes de madera: barriletes, toneletes… En cualquier caso, deberá desecharse el poso de levadura y otros restos que quedará en el recipiente de fermentación, para lo cual éste deberá colocarse (cuidadosamente, para evitar remover el poso) a una altura mayor que el de conservación y para trasvasar el hidromiel a éste por sifonamiento emplear un tubito, siempre procurando aspirar lo más cerca posible de la superficie y nunca a menos de unos 1 o 2 centímetros del poso. Finalmente, deberán cerrarse bien los recipientes para evitar la pérdida de gas y conservarse en un lugar fresco y protegido de la luz si fuera posible. Deberíamos haber obtenido una bebida transparente o traslúcida (no muy turbia), gaseosa, dulce y de una graduación alcohólica de entre 8 y 13º, todo ello según la proporción y tipo de miel y levadura empleadas y que podremos ir variando en sucesivas “cosechas” hasta encontrar las que nos den el hidromiel que más nos guste.

Skål!

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